Mi pasado en el voleibol

Acabo de leer que la selección española de voleibol, actual campeona de Europa, ha sido excluida de la Liga Mundial debido a que en la pasada edición, sus partidos no atrajeron demasiados espectadores. Actualmente no sigo nada este deporte, pero le sigo teniendo mucho cariño. Todavía no sé porqué, cuando tenía 13 años, y pese al rumor clásico de que “es un deporte de niñas”, empecé a jugar al voleibol.

En total fueron 5 años vinculado de una u otra manera a este deporte. Jugué en mi colegio, en la liga municipal. Un año me fui al equipo de otro colegio, en la otra punta de Madrid con respecto a mi casa, para poder jugar en la liga de la Federación Madrileña. Acudí a dos campus de verano de un club muy importante a nivel de Madrid. Fui arbitro anotador de la Federación durante dos años. Y durante ese tiempo, desarrollé y mantuve un portal web con información sobre ligas, historia, reglamentos, etc… de este deporte.

Hace ya mucho tiempo de todo esto, pero hay ciertas cosas que sigo recordando perfectamente. Creo que pertenecen a esa categoría de hechos puntuales que ocurren en tu vida, y que a veces no sabes porqué, las recuerdas y comprendes que influyeron en tu forma de ser. Siempre recordaré la primera vez que tuve que arbitrar un partido yo sólo. O el año que empecé a jugar en liga federada, y en lugar de jugar en patios de colegios jugaba en pabellones. O cuando vi a la selección española (que por entonces no había ganado nada) en el antiguo Palacio de los Deportes de Madrid, lleno hasta la bandera, ganar a Holanda, una de las potencias de este deporte.

Pero la anecdota que recuerdo con más cariño, ocurrió cuando el primer año que jugué en el equipo del colegio. Debido a la falta de equipos, en el distrito al que pertenecía mi colegio, jugabamos en el mismo grupo los equipos de dos categorías distintas. Para chavales entre 14-16 años podía suponer mucha diferencia en cuanto a altura o corpulencia. Nosotros eramos los pequeños y era nuestro primer año jugando. Y sumado a que la mitad del equipo todavía no había pegado el estirón, nos hacía perder todos los partidos. Así nos plantamos en el último partido de liga, frente a unos tios gigantescos. Pero ese día, sucedió que ganamos. A medida que el partido avanzaba y se ponía interesante, la gente se iba acercando al campo. Recuerdo que en torno al final, teníamos a los equipos de las chicas animando, y lo que para nosotros era “un montón de gente” mirando. Con el último punto, aquello fue como ganar la copa de Europa. Eso fué lo más lejos que he llegado en el mundo del deporte, pero lo recordaré siempre.

Dos años despues de eso, en un campus de verano, un entrenador me ofreció entrar en un equipo de liga federada. Por entonces no lo hice, muy a mi pesar. Un chico que entró conmigo en ese campus si que entró en el equipo, y ahora está jugando en División de Honor. ¿Me hubiera pasado lo mismo? Ya probaré en otra vida.


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Hay 3 comentarios en esta entrada

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    Joder tío, me siento totalmente identificado con la historia, salvo que lo mío era el tenis. Con la raqueta en la mano desde los 2 años (tengo videos) hasta los 17, y era bueno, realmente bueno. De hecho jugué (bueno, peloteé) con Arancha Sanchez Vicario, entre otros, y entrené con la campeona senior de españa Gala León, y amigos y amigas de mi edad a los que yo solía ganar, al final se han recorrido medio mundo jugando en junios y en satélites seniors, incluso alguno llegó a tercera ronda de Roland Garros junior.

    Quizás si no lo hubiera dejado…..


    Comentario de Vedia — 25 Septiembre 2008 #


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    ¡San José! ¡San José!

    Qué recuerdos y que pedazo de animación había en Soria con este pedazo de equipo. Nos lo pasábamos pipa con la cara pintada de azul. Una pena que ahora esté un poco de capa caída.


    Comentario de oria — 25 Septiembre 2008 #


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    [...] a mi antigua relación con un deporte minoritario, entiendo y comparto la reacción que la entrenadora del Parc Sagunt tuvo con una periodista [...]


    Pingback de Hay vida más allá del fútbol — 28 Febrero 2009 #